Repercusiones
del Síndrome de Tourette en el entorno familiar.
Claves para Convivencia
Autora: Diana Vasermanas©
1.
La repercusión del diagnóstico de Síndrome
de Tourette
Es indudable que la confirmación del diagnóstico por parte de
profesionales de la salud, afectará a los padres y producirá reacciones
variadas: miedo, culpa, enfado, tristeza, soledad...estoa sentimientos son
naturales y comprensibles después del impacto inicial.
En los primeros momentos, resulta muy angustiante el desconocimiento.
Es importante saber que podemos “elaborar” esta noticia solos,
con la pareja, con los amigos más íntimos, o comenzar la búsqueda
de ayudas especializadas a través de profesionales y Asociaciones. Poco
a poco, cada familia decidirá cuáles son los caminos más
adecuados a sus circunstancias.
2. El papel de la familia
La familia posee un papel fundamental en la recuperación e integración
de las personas afectadas por Síndrome de Tourette. Puesto que en la
convivencia cotidiana pueden surgir dificultades complejas, es muy importante
que cuenten con toda la información y ayudas necesarias.
Esta Guía no pretende dar respuestas s todos los problemas generados
en torno al Síndrome, pero las orientaciones y sugerencias que exponemos
a continuación intentan mejorar la comprensión de las necesidades
de los afectados, y contribuir a que sus familiares tengan una actitud más
adecuada a la hora de afrontarlas.
Obviamente, comprender lo que ocurre y conocer pautas de actuación,
no basta para resolver todos los problemas, pero contribuye a disminuir el
estrés tan perjudicial para la problemática del Síndrome
de Tourette, y aumenta la eficacia de los tratamientos.
Sin embargo, es importante recordar que el protagonismo de la familia como
primera red de apoyo y comprensión, no puede reemplazar al papel que
deben desempeñar los integrantes del equipo profesional multidisciplinar
que atiende a la persona afectada por Síndrome de Tourette.
3.Sentimientos que pueden experimentar los padres ante el ST?
En general, es normal y habitual que los sentimientos experimentados puedan
ser algunos de los siguientes:
Miedo: muchos padres se angustian y preocupan por cómo los síntomas
afectarán exactamente a sus hijos, por su futuro escolar, por la posibilidad
de que sean rechazados o criticados, por la opinión de sus amigos y
familiares, etc.
Estos temores son naturales, y probablemente irán disminuyendo a medida
que aprendan a valorar más objetivamente las capacidades de su hijo/a
y los recursos que existen para ayudarlo y contrarrestar las dificultades generadas
por el Síndrome de Tourette.
Culpabilidad: el hecho de que el ST tenga un origen genético, puede
contribuir a generar sentimientos de culpa en los progenitores por la posibilidad
de haber sido portadores o transmisores de “genes anormales”. Es
importante saber que nadie elige voluntariamente los “ingredientes genéticos” de
nuestros descendientes, y que los factores educativos y ambientales también
serán decisivos en el desarrollo y las manifestaciones de la sintomatología
del ST
Enfado o frustración: los padres pueden ver amenazadas muchas de sus
expectativas o ilusiones. Una dosis de rebeldía puede aportar las energías
necesarias para luchar por la superación de los hijos, pero es fundamental
evitar el resentimiento y la amargura, compartiendo estas preocupaciones con
otros padres y profesionales que ayuden a ajustar las expectativas a las posibilidades
de cada niño, y a las etapas evolutivas por las que atraviesa.
Soledad o marginación: suele ocurrir que amigos y familiares se distancien,
especialmente porque el desconocimiento que existe en torno a esta síndrome,
influye para que muchos confundan los tics u otros síntomas con conductas
caprichosas, consecuencia de una “mala educación”. Los padres
pueden y deben aportar información veraz sobre lo que realmente les
ocurre a sus hijos, ya sea explicándolo directamente o a través
de los folletos delas Asociaciones, para evitar que se mantengan situaciones
injustas y prejuiciosas.
La comunicación puede ser difícil, pero el esfuerzo merece la
pena.
En cualquier caso, asistir a reuniones de las Asociaciones, a sus Grupos de
Autoayuda, así como hablar con los profesionales que trabajan con el
niño, e intentar salir y llevar una vida “normalizada”,
con ratos para el ocio y la diversión personal, son medidas que ayudarán
a superar el aislamiento y la soledad.
4. Posibles reacciones del medio sociofamiliar ante los tics
y otros síntomas
Las respuestas exteriores que en algún momento el sujeto empieza a percibir,
o lo que hacen sus familiares, profesores y compañeros cuando aparecen
los tics, suponen el reforzamiento positivo o “lo que obtiene” el
afectado a causa de la sintomatología del Síndrome de Tourette.
En este sentido, lo que suele obtener del medio socio- familiar es una atención
excesiva hacia los tics y otros síntomas, expresada a través
de actitudes ambivalentes que oscilan desde la sobreprotección a la
severidad o la intolerancia
En algunos casos la intolerancia se materializa en burlas y críticas
. De esta manera, las manifestaciones del Síndrome de Tourette se van
asociando a estímulos aversivos o desagradables, tanto de tipo moral
(insultos, humillaciones), como físicos (castigos corporales)
La interacción de los factores de vulnerabilidad biológica que
predisponen al Síndrome de Tourette con las situaciones potencialmente
estresantes, aumenta las probabilidades de que los tics y otros síntomas
se manifiesten explícitamente con mayor frecuencia e intensidad.
4.1. Reacciones conductuales que pueden producir las respuestas
del medio:
- Aparición de reacciones de rebeldía o agresividad en el afectado
ante las reales o supuestas actitudes aversivas del entorno.
- Si el trastorno para el control de impulsos (TCI) se presenta asociado al
ST, el afectado posee menos posibilidades de moderar sus reacciones agresivas
o violentas una vez que se desencadenan, con lo que aumenta el dramatismo de
la respuesta y la probabilidad de que reciba más castigos.
- Las reacciones del entorno también pueden generar sentimientos de
culpabilidad y actitudes de sometimiento en el afectado que, a su vez, pueden
potenciar los efectos de las conductas autolesivas asociadas al Síndrome
de Tourette.
- Tanto las reacciones de rebeldía como las de sometimiento pueden conllevar
un abandono o disminución de las actividades que realiza habitualmente,
o una pérdida de interés hacia sus tareas u obligaciones, por
lo que probablemente recibirá nuevas reprimendas o castigos.
4.2. Las repercusiones psicológicas
La sensación o evidencia de fracaso a la hora de afrontar dificultades,
predispone la aparición de pensamientos desadaptativos y autodescalificaciones,
asociados a la idea de que “tener Síndrome de Tourette”,
o “tener esto que a mi me pasa (si se desconoce el diagnóstico),
es algo malo”; “yo tengo este problema, yo tengo Síndrome
de Tourette, por tanto yo soy una mala persona”
Los pensamientos y sentimientos que el afectado por este síndrome tiene
sobre sí mismo se suelen expresar con frases precedidas por el “no”: “no
valgo, no sirvo, no puedo, no lo conseguiré”. Estas expresiones
pueden enmascarar bajas expectativas de eficacia, de confianza en las propias
probabilidades de éxito.
Otra característica es la sensación de no ser querido o aceptado.
- El temor a hacer las cosas mal y recibir consecuencias desagradables, suele
exteriorizarse a través de actitudes negativistas y de la frase “no
quiero”. En estos casos, el negativismo o la pasividad pueden encubrir
estrategias para proteger la baja autoestima y evitar críticas o humillaciones
que atentan contra la dignidad.
- A mediano plazo, estas vivencias reiteradas producen situaciones de aislamiento
(voluntario o impuesto) , y la aparición de cuadros de depresión
y alteraciones del estado de ánimo de distinta gravedad.
Estos pensamientos y creencias disfuncionales asociados al Síndrome
de Tourette actúan como estresores internos que pueden producir un recrudecimiento
de los tics y otros síntomas.
5. Orientaciones para padres y familiares
Tras el impacto emocional y las lógicas preocupaciones que preceden
al diagnóstico, es muy importante que los padres y familiares procuren
tratar al niño con naturalidad , ayudándolo día a día
a superar sus dificultades y a desarrollar plenamente sus capacidades.
Las personas con Síndrome de Tourette presentan peculiaridades neurológicas
que influyen en su manera de comportarse y de sentir, por eso es necesario
adaptar algunas pautas y criterios de educación y convivencia .
Esto no significa que se deban tolerar todos sus comportamientos, sino que
habrá que aumentar “las dosis” de paciencia, comprensión
y tolerancia, y conocer las características de las etapas evolutivas
por las que atraviesan (Primera infancia, adolescencia, etc.), para ajustar
las exigencias y expectativas de los padres a las reales posibilidades de sus
hijos, en función de las restricciones o limitaciones impuestas tanto
por la edad como por la problemática específica del Síndrome
de Tourette.
5.1. Las necesidades de los niños afectadas por Síndrome
deTourette
Los niños/as y jóvenes con ST tienen las mismas necesidades básicas
que los demás: amor, seguridad, sentirse aprobados y aceptados, diversión
y la oportunidad de aprender, desarrollarse y relacionarse.
También poseen su propia personalidad, algunos de cuyos rasgos pueden
estar más acentuados por factores biológicos, por las experiencias
personales y por la acción del medio sociofamiliar.
5.2.Cómo encontrar el justo equilibrio
Los niños con ST deben tener la oportunidad de una educación “normalizada”,
adaptada a su edad y sus limitaciones reales.
*Siempre es beneficioso que los padres intenten crear un clima de vida ni demasiado
permisivo o “sobreprotector”, ni demasiado exigente o restrictivo.
*Como a cualquier otro niño, no conviene excederse en la concesión
de “caprichos”, aunque sí habrá que saber distinguir
los caprichos de otro tipo de conductas motivadas por los síntomas o
trastornos asociados al Síndrome, que pueden requerir además
orientaciones específicas o tratamientos profesionales.
*En caso de ser necesaria la aplicación de un castigo o reprimenda,
se debería explicar al niño las razones que motivaron ese castigo,
qué conducta debería haber realizado para evitarlo y qué se
espera que haga en lo sucesivo ante situaciones como las que motivaron el enfado
de sus padres.
*Por supuesto, no se debe obviar felicitar y estimular al niño cuando
realice algo bien, especialmente si es trata de algo que le supone un gran
esfuerzo o que habitualmente era motivo de enfados y discusiones.
6. FACTORES FAMILIARES DE RIESGO
En el siguiente cuadro se resumen algunas actitudes del medio familiar que
pueden influir negativamente en los tics y otros los síntomas del ST
:
Medio familiar rígido
Intolerancia ante fallos / errores
Comentarios hipercríticos / generadores de culpabilidad
Represión / Inhibición de emociones (enfado, miedos, agresividad)
Ambivalencia / dicotomía en el rol de los padres
Permisividad – sobreprotección
Autoritarismo – severidad excesiva
Desconocimiento / Negación de las necesidades evolutivas o personales
Exigencias inadecuadas Fracaso Frustración
Alteraciones en la dinámica y la comunicación familiar
Reversibilidad o alteración de roles
Contradicciones entre los aspectos verbales / no verbales
Falta de diálogo y comunicación
7. Algunas creencias o expectativas inadecuadas
¿ Con voluntad se puede lograr todo?
Del mismo modo que los tics no son voluntarios, la falta de progresos en los
tratamientos seguidos por los pacientes no significa que no se esfuercen o
que carezcan de voluntad para conseguirlo. Enfadarse por la falta o demora
de resultados apreciables puede resultar frustrante o disminuir la motivación
y la confianza del paciente en sí mismo.
Es importante mantener la satisfacción y el reconocimiento por los esfuerzos
realizados, aunque los resultados inmediatos no estén a la altura de
las aspiraciones.
¿ Conseguiremos todo lo que nos propongamos?
Sin duda, el cariño, la paciencia y la perseverancia de la familia influyen
favorablemente en los procesos de recuperación, pero es importante que
estos esfuerzos se realicen con conocimiento y conjuntamente con los profesionales
que coordinen los tratamientos necesarios para cada caso.
En algunos casos, la lentitud de los progresos puede conducir al abandono de
los tratamientos, o a la búsqueda del “tratamiento ideal” que
cure todos los síntomas. Antes de tomar decisiones apresuradas o sin
fundamento, o de embarcarse en peregrinajes de especialista en especialista,
con el consecuente desajuste económico y emocional, es conveniente plantear
sinceramente estas dudas a los profesionales que atienden al niño y
a los responsables de las Asociaciones, que, desde su experiencia, contribuirán
a aclararlas y a adecuar las expectativas.
8. Sugerencias para algunos trastornos o problemas asociados
Si bien cada persona afectada es diferente, presentamos algunas sugerencias
que pueden ser de utilidad, , siempre que sean adaptadas a las particularidades
y circunstancias personales, y sin pretender sustituir los consejos u orientaciones
de los responsables de las terapias o tratamientos.
8.1.Agravamiento de la sintomatología
El recrudecimiento de los tics u otros síntomas del ST puede también
aumentar la irritabilidad, la agresividad o el desánimo y la apatía
del afectado.
En estos momentos se debe consultar con los profesionales y solicitar ayuda
para comprender y abordar mejor esta situación.
También es conveniente estimular y apoyar su implicación en los
tratamientos prescritos; evitar castigar al afectado por sus síntomas
o alejarse de él, y animarlo, explicándole que se trata de una
fase de su evolución, pero que contará con el cariño y
las ayudas necesarias para superarla.
8.2. Crisis de agitación e irritabilidad
En ocasiones y, especialmente ante fracasos o frustraciones, los afectados
pueden impacientarse y reaccionar de manera exagerada. Estas “tempestades” suelen
ser de corta duración y habitualmente se dirigen contra quienes más
intentan ayudarles.
En estas situaciones, es conveniente evitar culpabilizar al afectado por sus
fallos o errores.
Reorientar su atención hacia otras actividades puede tranquilizarlo,
así como la presencia de alguien que sea capaz de hablarle con firmeza
pero también de inspirarle calma.
Si la agitación es excesiva, no es conveniente dejarlo solo o sin vigilancia.
8.3. Actitudes negativistas
El negativismo y decir a todo que no, puede ser una manera de autoafirmarse
y de proteger la autoestima, eludiendo las posibilidades de nuevos fracasos.
Las críticas constantes ante sus fallos o a consecuencia de síntomas
que no pueden evitar, disminuye su motivación y perseverancia.
Por ello es conveniente evitar las críticas, minimizar la importancia
de los errores (que son inevitables y necesarios en cualquier aprendizaje)
y valorizar sus logros, así como propiciar su participación en
actividades en las que pueda obtener resultados satisfactorios, obviamente
haciéndole sentir que se respetan sus elecciones y decisiones, y favoreciendo
su autonomía y su autodeterminación.
8.4. Dificultades para el control de impulsos
Ante la impulsividad que puede presentarse en algunas ocasiones, es importante
fomentar en el afectado la idea de que el control es posible, y que la práctica
de ciertas técnicas, bajo supervisión profesional y la colaboración
familiar, le pueden ayudar a conseguirlo.
Siempre se debe desaconsejar el consumo de drogas o de bebidas alcohólicas
para intentar obtener sensación de tranquilidad o control sobre los
propios actos.
8.5. Depresión, aislamiento social e ideaciones suicidas
En ocasiones, el desaliento, el rechazo y la incomprensión lleva a los
afectados a aislarse y dejar sus actividades educativas, laborales o recreativas.
En estos casos se debe evitar abandonar al afectado; es importante que perciban
respuestas afectivas de apoyo social , y actitudes que la animen a salir de
su aislamiento.
Los síntomas de depresión deben abordarse con ayuda psicológica
profesional, y pueden requerir tratamiento farmacológico.
Las ideas de suicidio que pudieran expresarse o detectarse, nunca se deberían
ignorar; en estos casos no hay que dudar en consultar con los psicólogos
u otros profesionales de la salud especializados en estos problemas.
9. Problemas que puede ocasionar el ST en los padres y familiares
9.1. El abandono de las propias necesidades
Ocuparse de una persona afectada por Síndrome de Tourette implica cariño,
tiempo, saber hacer, conocimientos y energías. Para no malgastar estos
recursos, es preciso aprender a organizarse, repartir tareas y responsabilidades,
y no intentar abarcarlo todo, descuidando las propias fuerzas y necesidades
y desestimando la posibilidad de solicitar las ayudas y colaboraciones que
cada familia puede precisar.
9.2. Pérdida de control por parte de los miembros de la
familia
En ocasiones, la convivencia con personas afectadas por Síndrome de
Tourette puede ser muy exigente y desgastante, lo que puede ocasionar reacciones
violentas, aun sin quererlo.
En la medida de lo posible, hay que procurar mantener el control delante de
la persona afectada, y buscar momentos de desahogo con personas que puedan
aportar ayuda y comprensión.
Es importante reaccionar con firmeza ante comportamientos inadecuados o inaceptables,
pero siempre teniendo en cuenta las posibilidades y el estado del afectado,
y procurando transmitir calma, tranquilidad y seguridad, sobre todo en los
momentos de angustia y confusión en los que pueden suscitarse reacciones
desmedidas.
9.3. Problemas de relación en la pareja
La relación de pareja se puede ver afectada por el hecho de tener un
hijo con Síndrome de Tourette.
Las dificultades pueden surgir por las diferentes respuestas emocionales suscitadas
por el diagnóstico; por la sobrecarga y el estrés que conlleva
el cuidado y la atención de las necesidades del niño, y por el
normal deterioro de las relaciones interpersonales ante situaciones adversas
o conflictivas.
En el caso de que estos problemas se presenten, es fundamental el apoyo mutuo
de la pareja para aprender a vivir con un hijo con ST; a su vez, ambos se sentirán
mejor si cuentan con el apoyo de los amigos y la familia, por lo cual es importante
evitar el aislamiento.
Puede ocurrir que algún miembro de la pareja, en mayor o menor medida,
no acepte el diagnóstico médico, tendiendo a negar la realidad,
ocultando sus sentimientos o refugiándose en su trabajo, como un mecanismo
de defensa ante las situaciones que tiene que afrontar. Pasada esta primera
etapa, se empieza a asimilar y aceptar la situación, y se comienzan
a elaborar estrategias que deberían contemplar el reparto equitativo
de roles, responsabilidades y tareas entre ambos progenitores, así como
el diálogo sincero y sin hostilidades sobre sus sentimientos y experiencias.
El primer paso para enfrentarse a los problemas que pueden surgir en la pareja,
radica en aceptar objetiva y emocionalmente las características especiales
del hijo, y la situación personal y conyugal que esto origina. En ocasiones,
una atención psicológica individualizada o de pareja facilita
la aceptación del problema y la elaboración de estrategias adecuadas
para afrontar los acontecimientos venideros.
La dedicación al hijo puede restar tiempo para las aficiones personales
y la vida en común, por lo que será fundamental aprovechar los
momentos que se disponen para la intimidad de la pareja y la creación
de tiempos y espacios para el ocio y la comunicación, aunque ello implique
delegar en ocasiones el cuidado del niño en otras personas preparadas
para su atención.
Todo ello redundará beneficiosamente en las energías e ilusión
que necesitarán para cumplir eficazmente con sus tareas.
9.4. Problemas con otros hijos
En ocasiones, los niños con ST reciben tantas atenciones, que sus hermanos
pueden quedar relegados a un segundo plano. Todos los hijos precisan amor y
atención, y es conveniente que perciban que lo reciben de sus padres
de manera diferencial e incondicional, para evitar problemas de conducta generados
por los celos y por la necesidad de obtener atención.
Algunos niños pueden sentir una cierta responsabilidad o también
rechazo hacia los problemas de su hermano o hermana con ST; en cualquier caso,
siempre favorecerá la convivencia familiar el que los padres les expliquen
, en función de su edad, en qué consiste el síndrome,
y de qué manera pueden colaborar ante las dificultades que el ST le
produce a su hermano/a.
10. El aislamiento social: la importancia de obtener ayuda
Por la incomprensión del entorno o por vergüenza o temor ante sus
reacciones, los familiares de las personas afectadas por el síndrome,
tienen tendencia a aislarse o a enfrentar solos los problemas.
Para evitar el aislamiento, es conveniente que los familiares eviten encerrarse
y culpabilizarse, y mantengan contactos y comunicación periódica
con los equipos de tratamiento y con los integrantes de las Asociaciones y
Grupos de Autoayuda.
Es importante conservar las actividades de ocio y tiempo libre, los contactos
sociales e incluso permitir o favorecer que otras personas cualificadas cuiden
o atiendan en algunos momentos a los afectados.
10.1.
Las Asociaciones
Para los padres y familiares, acercarse a las Asociaciones de pacientes con
Síndrome de Tourette y trastornos asociados les permite recibir información
y tomar contacto con otras familias con esta problemática para intercambiar
experiencias, hablar libremente sobre sus problemas e inquietudes y, fundamentalmente,
sentirse acogidos y apoyados en sus necesidades.
El contacto con las Asociaciones, la asistencia a los Cursos y Jornadas informativas
que organizan, la participación en sus Grupos de Autoayuda y la orientación
proporcionada por sus Asesores (profesionales de la Neurología, la Psicología
y el Derecho), ayuda a superar el aislamiento y la soledad , y logra cambios
positivos de conductas y actitudes ante el ST
10.2. Abuelos, amigos y otros familiares
Los padres deben intentar superar sus temores y prejuicios, y explicar a otras
personas de su familia y a sus amistades las necesidades que les afectan a
ellos y a sus hijos con ST.
La comunicación sincera y en el momento oportuno facilitará la
respuesta empática de los demás, y el ofrecimiento sincero de
ayudas y compañía.
Es importante que las personas allegadas sepan que pueden y deben tratar al
niño con normalidad, y que la aparición de los tics u otros síntomas
del ST pueden, en general, afrontarse sin mayores dificultades si disponen
de paciencia y comprensión.
Los padres pueden exponer sinceramente a estas personas su necesidad de confiar
en ellos, en algunas oportunidades, el cuidado de sus hijos con ST. Esta tarea
no es tan difícil como muchos creen, sobre todo si los padres les enseñan
y explican qué deben hacer ante situaciones puntuales, ya que en lo
demás se trata de continuar con la rutina habitual del niño y
procurar pasar juntos unos buenos momentos.
Seguramente que los padres encontrarán más de una oferta de ayuda
cualificada entre sus allegados, lo cual les permitirá obtener un necesario
y reparador respiro de sus obligaciones.
Además, la presencia de algunas indicaciones por escrito (especialmente
las relacionadas con la medicación), y de teléfonos o direcciones
de contacto aumentarán la sensación de control y tranquilidad
y facilitarán el merecido descanso (siempre y cuando, finalmente los
padres se animen a aceptar estas ayudas sin sentirse culpables).
Vivir o convivir con el ST puede no ser fácil, pero afrontar la realidad
y las dificultades cotidianas con esperanzas basadas en el conocimiento y comprensión
de la realidad de cada persona afectada, contribuirá a aumentar la eficacia
de los procesos vinculados a su recuperación.
Diana Vasermanas ©
Psicóloga- Master en Terapia de Conducta
Socia de Honor y Asesora de ASTTA
Asociación Andaluza de pacientes
con Síndrome de Tourette y trastornos asociados
Autora y Directora del Programa
“Vivir y Convivir con el ST”