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Autoestima,
resolución de conflictos y Síndrome
de Tourette
Autora: Diana Vasermanas©
¿
Cuántas veces nos hemos excluido a nosotros mismas de algunos propósitos
que nos interesaban a nos hacían ilusión, usando como excusa para
nuestra negativa razones como: “no puedo”, “no valgo”, “soy
torpe”, “soy tonto”, “a mis años”...?
¿
Cuántas veces nos hemos sentido avergonzados o menos que los demás
por nuestros supuestos defectos o nuestras hipotéticas o reales carencias,
o nos hemos complicado la vida para intentar conseguir la aprobación de
los demás?.Probablemente muchas veces nos hemos comportado o hemos sentido
así, y aunque parezcan arbitrarias, es bueno saber que estas actitudes
tienen que ver con nuestra no siempre bien tratada autoestima.
1. ¿Qué es
realmente la autoestima?
Se entiende por Autoestima el aprecio que cada persona siente por
sí misma,
fruto del reconocimiento de las propias cualidades y defectos.
Este sentimiento está integrado por un conjunto de fenómenos, como
los pensamientos, sensaciones, juicios, emociones, actitudes y afectos hacia
nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, hacia nuestro
cuerpo y nuestro carácter.
La autoestima puede ser positiva o negativa:
La autoestima positiva se basa en el conocimiento y aceptación de uno
mismo, de nuestras posibilidades y limitaciones, de nuestros aciertos y nuestros
errores.La valoración positiva de uno mismo constituye una condición
básica para el equilibrio emocional y la salud mental del ser humano,
y es el punto de partida para apreciar y valorar positivamente a los demás.
Las personas con autoestima positiva poseen la suficiente confianza en sí mismas
para afrontar con cierta seguridad sus temores y dificultades.
Una sana autoestima conlleva el reconocimiento de las propias cualidades y valores.
La autoestima negativa es motivo de dolor, insatisfacción e infelicidad.
La baja autoestima se manifiesta en desconfianza en las propias capacidades para
afrontar los riesgos o los problemas, y a través de una excesiva autocrítica
como mecanismo para superar sentimientos de miedo y ansiedad.
Nuestra autoestima se va constituyendo a lo largo de la vida a través
de las propias experiencias y también a través de los mensajes
que recibimos de los demás.
En este sentido, la autoestima es un valor relacionado con procesos psicológicos,
pero también es un proceso dinámico variable que puede mejorar
o empeorar, según las experiencias y las relaciones humanas establecidas
durante la vida.
El resultado de este proceso depende de la interacción de una serie de
factores, involucrados en la relación que cada individuo establece
consigo mismo.
2. El peso de los errores y las críticas
Aumentar la autoestima no tiene nada que ver con buscar la perfección
y evitar o negar nuestros fallos o errores, sino todo lo contrario: el sentimiento
de autoestima se basa en la aceptación incondicional de nosotros mismos
como seres valiosos independientemente de nuestros errores o defectos.
La conexión entre errores y autoestima se origina en la interiorización
que hacemos de las correcciones, críticas y acusaciones que vamos recibiendo
por parte de padres, profesores, amigos, compañeros, jefes y otras personas
influyentes en nuestra vida, hasta asumir la obligación de criticarnos
por nuestros errores.
Las críticas nos envían el mensaje de cómo “debemos
ser”. Muchas veces nos consideramos incompetentes o menos valiosos por
no cumplir con lo que nos han dicho que es “nuestro deber”, sin pensar
que muchos de los deberes que nos han inculcado nos exigen conductas que no son
posibles o aplicables para todos, y que algunos deberes y modelos deberían
revisarse por haber cambiado la época, las circunstancias, los problemas
y los conocimientos vigentes en el momento en que se generaron.
Los sueños de perfección propios o ajenos, convierten los errores
en algo a combatir y despreciar, en vez de verlos como avisos sobre lo que no
funciona o no es válido en nuestros pasos o intentos en pos de un
objetivo.
En efecto, los errores son un requisito de cualquier proceso de aprendizaje,
ya que no hay forma de aprender ninguna tarea o habilidad, sin cometer errores.
Los errores proporcionan información que permite corregir acciones y acercarse
cada vez con mayor precisión y seguridad al resultado o la meta buscada;
este proceso de aproximación sucesiva ayuda a aprender sin miedo,
a ensayar y a volver a intentar nuestro cometido, a pesar de las equivocaciones
y los fallos.
Para fortalecer la autoestima, en nosotros mismos y en los demás, en vez
de temer a los errores, podemos darles la bienvenida y considerarlos parte de
un proceso de aprendizaje en el que es posible tolerarlos y cambiar sus interpretaciones
perfeccionistas por una valoración más flexible que nos permita
aprender de los errores y progresar.
Generalmente a través de las críticas de las demás nos sentimos “calificados” por
lo que hacemos, lo que decimos, y hasta lo que sentimos, y nos vamos comparando
con un ideal inexistente e inalcanzable de perfección. El no alcanzar
los modelos estándares fijados, el no sentirnos a la altura de las expectativas,
o el considerarnos menos aptos o menos capaces que los demás, resiente
nuestra autoestima y nos produce malestar emocional.
Un primer paso para la aceptación de los errores y modificar nuestra actitud
ante las críticas es comprender que la corrección o incorrección
de ciertos gustos o comportamientos, suele depender de su adecuación
a normas y convenciones socioculturales muchas veces ajenas a los reales
intereses
y necesidades de la gente
3. La modificación de la Autoestima
El paso previo para el cambio de la autoestima es aprender a conocer quiénes
somos realmente, a través de una autoevaluación de nuestras
dotes, capacidades, debilidades y defectos.
La realización de este “inventario de uno mismo” contribuirá a
la propia descripción y aceptación de fallos y virtudes
Tras la aceptación positiva de las características que surgen de
este inventario, podemos analizar aquellos aspectos personales que impiden nuestra
realización y afectan la relación con los demás, para intentar
modificarlos dentro de nuestras reales posibilidades y deseos, y sin dejarnos
influenciar por la presión de críticas o exigencias que no
compartimos.
La principal dificultad para realizar este inventario es que no es sencillo
ser objetivo o ecuánime a la hora de autoevaluarnos, pues no solemos tener
en cuenta todos los aspectos de la realidad en el momento de emitir juicios u
opinar sobre nosotros mismos. Generalmente nos dejamos llevar por aspectos parciales,
o circunstancias específicas, muchas veces irrelevantes o inciertas,
pero cuya importancia magnificamos.
El prestar mucha atención a los conceptos que utilizamos para describirnos
y hablar de nosotros puede ayudarnos a desenmascarar estos pensamientos negativos
y exagerados que tanto afectan nuestra autoestima y a nuestro modo de actuar.
4. Autoestima y compasión
La compasión es un sentimiento que nace de la piedad y la consideración
experimentadas hacia el sufrimiento o la desgracia que afecta a otros seres
humanos.
La compasión ante el dolor ajeno es uno de los principales ingredientes
del altruismo, la solidaridad y la empatía, así como la compasión
hacia nosotros mismos es la esencia de la autoestima, por facilitarnos la comprensión
y la aceptación de nuestros defectos.
Este sentimiento positivo constituye un rasgo de la personalidad que se puede
mejorar y fortalecer a través de la práctica y el aprendizaje.
5. El fomento de la autoestima en las personas en situación
de crisis
La autoestima puede actuar como un escudo protector contra lo malo de la vida.
Puesto que la autoestima es un factor variable, es muy probable que quien
se encuentre atravesando por momentos de crisis agudice sus críticas y su
intolerancia hacia su propia persona, e incluso hacia la de los demás.
Mejorar la autoestima de los afectados por ST es fundamental si se quieren
aumentar sus probabilidades y expectativas de éxito y superación.
Para reforzar su autoestima podemos:
- Evitar palabras, expresiones o gestos que puedan influir negativamente en la
auto imagen.
- Hacer comentarios positivos y elogiosos sobre sus virtudes, cualidades,
aciertos y esfuerzos en su presencia, tanto en público como en privado.
A estas orientaciones, podemos añadir las que dimos en el módulo
anterior para favorecer la autoestima de los alumnos con ST en el entorno
escolar.
Las técnicas de resolución de conflictos
Cotidianamente tenemos que resolver situaciones más o menos problemáticas,
y en las decisiones tomadas influyen nuestras experiencias, nuestro estilo personal
y los condicionantes externos de la situación.
En las relaciones humanas es frecuente la aparición de situaciones conflictivas
en las que resulta difícil llegar a un acuerdo que deje satisfechas
a todas las partes.
En general, se considera que alguien tiene un problema cuando se encuentra
en una situación cuyas demandas superan sus posibilidades o recursos para
afrontarla satisfactoriamente, y la persona afectada no encuentra o no posee
una alternativa de respuesta eficaz. El conflicto puede involucrar también
a otras personas.
En estas ocasiones, es importante procurar que los afectados no actúen
guiados por emociones, y puedan aplicar un procedimiento que organice su actuación
y les permita considerar con tranquilidad y objetividad todos los factores
implicados y todas las formas posibles de resolver el problema.
Si bien es imposible tener la solución para todos los problemas, el aprender
a afrontarlos de un modo objetivo, equilibrado y flexible, permitiéndonos
márgenes de error, permite mitigar los conflictos personales e interpersonales
derivados del impacto que estas situaciones estresantes producen a la salud física
y mental.
1. La importancia de las emociones en la resolución de conflictos
Cuando nos enfrentamos a un problema o a una situación conflictiva, surgen
con mayor probabilidad sentimientos que precipitan decisiones impulsivas de las
que luego podemos arrepentirnos. Las emociones también pueden producir
bloqueos y disminuir la capacidad para reaccionar y decidir ante las dificultades.
Los mecanismos de autocontrol reducen la interferencia de las emociones en
la resolución de conflictos, pero es muy difícil que estas estrategias
de autodominio aparezcan espontáneamente en momentos de tensión.
Conviene recordar que el autocontrol y la impulsividad pueden verse afectados
en las personas con ST
Por ello, es conveniente postergar los intentos de solución para aquellos
momentos en los que los ánimos estén calmados y se pueda tomar
una distancia emocional que permita examinar el problema como si no estuviésemos
directamente involucrados en él
2. Estrategias para el abordaje y la resolución de conflictos.
Cuando la persona o las personas afectadas están en condiciones de analizar
el problema con cierta tranquilidad, este puede resolverse siguiendo una serie
de pasos organizados que detallaremos a continuación:
1. Identificación y orientación general hacia el problema
En este paso, se identifica cuál es el problema en cuestión.
Es importante asegurarse de que todos los implicados reconozcan que hay un
problema,
valoren su gravedad o importancia, y se comprometen a intentar solucionarlo.
2. Definición del problema
En esta fase, se recoge toda la información necesaria para definir y describir
el problema. Se analiza en qué medida afecta a los implicados y se establece
una meta realista a alcanzar, para evitar malgastar tiempo y energías
en esfuerzos inútiles.
3. Generación de soluciones alternativas
En este punto, todos los implicados deben generar el mayor número de soluciones
posibles. Puede aplicarse la técnica de "tormenta de ideas",
que consiste en expresar y anotar todas las soluciones que se les ocurran, sin
excluir ni dejar de lado a ninguna, por más absurda o inaplicable
que parezca, sin criticar ni valorar su viabilidad .
4. Valoración
de las soluciones
En este paso, se valoran las ventajas y desventajas de todas y cada una de las
soluciones generadas, enumerando los pros y los contras de cada una de ellas.
5. Toma de decisiones
Tras valorar todas las alternativas, se elige aquella que se considera
la más
beneficiosa para todos los implicados, ya sea por tener más ventajas o
por ser la que en ese momento cuenta con más posibilidades des
ser aplicada.
6. Planificación y ejecución de la solución
El paso siguiente es planificar y realizar las acciones que se deben
realizar para implementar y poner en marcha la solución elegida.
7. Evaluación
de resultados
Una vez que se ha llevado a la práctica la solución, es importante
evaluar los resultados obtenidos: si se aproxima a los esperados, qué aspectos
quedan para mejorar o si es necesario implementar otra de las soluciones
valoradas.
Este proceso aparentemente largo y complicado, puede adaptarse a muchas
situaciones conflictivas en las que probablemente sea más importante solucionar el
problema de un modo hábil, asertivo, y conciliador que la decisión
finalmente adoptada.
TÉCNICA CIGEEP PARA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS
CIGEEP es un acrónimo formado por la letra inicial de los siguientes pasos
a seguir en la orientación y afrontamiento del problema, que resume
lo expuesto anteriormente:
1 – C: Calmarse
2 – I: Identificar claramente el problema
3 – G: Generar todas las soluciones y alternativas posibles
4 – E: Evaluar las ventajas y desventajas de las soluciones propuestas
5 – E: Elegir la solución que se considera más beneficiosa
o posible.
6 – P: Planificar los pasos a seguir para implementar la solución
elegida.
Al igual que las habilidades sociales y los comportamientos asertivos,
también
las estrategias de resolución de problemas pueden ser aprendidas
y convertirse en herramientas eficaces para mejorar las relaciones interpersonales
y afrontar
las dificultades con mayor seguridad y confianza.
Diana Vasermanas
Psicóloga- Master en Terapia de Conducta
Socia de Honor y Asesora de ASTTA
Autora y Directora del Programa

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