Terapia
Psicológica Cognitivo- Conductual del Síndrome de Gilles
de la Tourette y los trastornos asociados a su espectro
Autora: Diana Vasermanas ©
Psicóloga- Master en Terapia de Conducta
Asesora y Socia de Honor de ASTTA
Enfoque biopsicosocial del Síndrome de Tourette
El Síndrome de Tourette (ST) no puede ser estudiado ni mucho menos resuelto
desde un solo punto de vista o desde una única modalidad terapéutica.
Por el contrario, requiere una consideración y un enfoque biopsicosocial,
que nos permita comprenderlo y abordarlo de modo mulltidisciplinar.
En este enfoque, la terapia psicológica del ST se presenta como una alternativa
eficaz a la hora de dotar al paciente y su medio socio-familiar de estrategias
y recursos para afrontar y sobrellevar de un modo adaptativo las dificultades
relacionadas con este síndrome y los trastornos asociados a su espectro.
Es muy importante insistir en que, pese a que la palabra “TIC” es
una forma apocopada del vocablo italiano TICHIO, que significa “capricho”,
ni los tics motóricos o verbales que caracterizan al ST, ni las manifestaciones
de los trastornos asociados, son el resultado de conductas caprichosas, excéntricas
o arbitrarias, sino la exteriorización de un funcionamiento neurológico
peculiar de origen genético.
Pero junto a los factores orgánicos, también adquieren gran importancia
los relaciones interpersonales, exteriorizadas en las actitudes o reacciones
de los integrantes del entorno sociofamiliar ante los tics u otro síntomas
del ST, y los aspectos psicológico, es decir, los pensamientos, sentimientos
y comportamientos, que estas respuestas suscitan en la persona afectada.
Tanto en la niñez como en la vida adulta, los factores psicosociales pueden
exacerbar la sintomatología del ST, o por el contrario, disminuir su frecuencia
e intensidad. En este sentido, la gran mayoría de situaciones en las que
se agravan las manifestaciones del ST, tienen un común denominador insoslayable:
el estrés.
Estrés y Síndrome de Tourette
Las Teorías Interactivas de Lazarus y Folkman definen el estrés
como un conjunto de reacciones particulares que se suscita cuando una persona
se encuentra en una situación cuyas demandas o exigencias son valoradas
por el sujeto como algo que supera o excede sus posibilidades o sus recursos
para afrontarla. Dichas situaciones son vividas como una amenaza que puede dañar
o poner en peligro el propio bienestar, los intereses o la integridad personal.
Los afectados por el de Síndrome de Tourette suelen referir que las situaciones
valoradas como estresantes suelen coincidir con la aparición de tics,
o con la necesidad de emitir voces o movimientos que les ayudan a mitigar su
ansiedad, o a contrarrestar sensaciones corporales molestas o desagradables,
conocidas como “tics sensoriales” o tensión premonitoria.
En este sentido, los tics tendrían una explicación funcional u
operante, pues su emisión contribuiría a brindar una alternativa
de alivio a corto plazo ante las tensiones premonitorias y las situaciones estresantes.
Pero, paradójicamente, esta respuesta liberadora en forma de tics, puede
convertirse a mediano plazo en la principal fuente de angustia y estrés
para la persona afectada por ST y para su entorno próximo
El Análisis Funcional de los tics y otros síntomas del ST, es decir,
el estudio de lo que en cada caso, ocurre antes, durante y después de
su aparición, permite constatar que en un alto porcentaje de situaciones,
la atención y preocupación que el medio otorga a los tics y otros
síntomas del ST, refuerza la importancia que el afectado les concede,
hasta el punto de que sus intentos por evitarlos, suprimirlos o disimularlos
pasan a ser uno de sus principales estresores.
Actualmente se continúa exigiendo a las niños afectados por ST
que “se queden quietos”, que hagan un esfuerzo por “no gritar”,
por mantener la atención más allá de sus posibilidades,
y sobre todo que intenten controlarse y “no molestar” con sus
tics.
Estas permanentes y estresantes exigencias se realizan, en la mayoría
de los casos, sin tener en cuenta si el niño o el adolescente puede hacer
aquello que se le pide, o si estas demandas son relevantes para su desarrollo
o su rendimiento académico.
La acción del medio social (estresores externos), puede favorecer la aparición
y mantenimiento de pensamientos y emociones (estresores internos), que en muchos
casos se asocian a la aparición y agravamiento de los tics u otros síntomas
del ST.
La interacción de los estresores internos y externos aumenta la probabilidad
de la manifestación sintomatológica del ST en personas biológicamente
predispuestas a su aparición.
En este análisis, las variables se retroalimentan como si formasen un
círculo vicioso que a simple vista puede parecer desalentador. Pero los
círculos viciosos pueden romperse, y a ello apuntan los objetivos de la
Terapia Psicológica del ST.
La Terapia Psicológica del Síndrome de Tourette
La Terapia Psicológica del ST puede requerirse desde una perspectiva egodistónica,
cuando es el paciente quien se siente abrumado por los síntomas del trastorno
y solicita atención, o desde un planteamiento egosintónico, cuando
la familia o el entorno próximo del paciente son quienes solicitan atención
psicológica para la persona afectada, pero ésta no admite o
no siente que el ST le ocasione dificultades.
Los planteamientos egosintónicos de la terapia también se observan
en ambientes escolares o en familias muy exigentes, en las que las manifestaciones
del Síndrome de Tourette se consideran fallos difíciles de tolerar.
En estos casos es muy importante hacer comprender al entorno socio-familiar hasta
qué punto ciertas exigencias deberían atenuarse en función
de la edad y las circunstancias de la persona afectada.
En cualquier caso, es conveniente que los destinatarios de la intervención
terapéutica sean tanto la persona afectada como los integrantes significativos
de su entorno familiar, según sus necesidades.
También es importante proporcionar la información necesaria a educadores
e integrantes del medio socio- laboral, para aclarar dudas y prejuicios sobre
este síndrome, ya que el principal objetivo de la Terapia Psicológica
del ST es contribuir a la normalización de la conducta, a la optimización
de la calidad de vida, al desarrollo de las capacidades y a la integración
social de las personas afectadas, en un clima de respeto y tolerancia hacia
la diversidad.
Tras el Análisis Funcional de variables y la evaluación de la relevancia
de los trastornos asociados al ST mediante una Batería psicodiagnóstica
sistematizada, es posible diseñar un Programa individualizado de intervención
que abarcará en distintas Fases las problemáticas y dificultades
detectadas en el paciente y en su medio.
Las distintas fases de la terapia psicológica se corresponden con
objetivos para con el paciente y su entorno.
En la Fase Psicoeducativa se intenta que el paciente encuentre respuestas
a su pregunta “¿qué me pasa?”, y el medio sociofamiliar
comprenda “qué le pasa”.
Esto posibilita reorientar y modificar las creencias, actitudes y expectativas
sobre el ST.
En una segunda fase, las técnicas cognitivo- conductuales contribuyen
a aumentar las posibilidades de autocontrol conductual, atencional y emocional
del paciente, sobre todo si paralelamente se trabajan actitudes de apoyo,
tolerancia y ajuste adecuado de demandas en su medio sociofamiliar.
La tercera fase se centra en la adquisición y desarrollo de habilidades
sociales y comportamientos asertivos, en el desarrollo e incremento de la autoestima
y la motivación y en estrategias para la resolución de problemas
y situaciones conflictivas.
En el entorno social se trabajan la modificación de contingencias ambientales,
las dinámicas de reforzamiento (recompensas y castigos), y la comunicación.
A medida que avanza el tratamiento psicoterapéutico, el paciente va aprendiendo
a reconocer y afrontar positivamente las potenciales situaciones de riesgo con
conductas y pensamientos alternativos a los que habitualmente lo caracterizaban,
y a generalizar las técnicas clínicas a su ambiente natural.
Es importante destacar que la Terapia Psicológica no es incompatible con
los tratamientos farmacológicos prescriptos por profesionales de la Medicina,
con quienes los Psicólogos pueden y deben trabajar en estrecha colaboración.
En algunos casos, también será un objetivo psicoterapéutico
favorecer la adherencia al tratamiento farmacológico; es decir, que el
paciente con ST se implique de manera activa y responsable en el seguimiento
de las pautas de medicación, así como abordar estrategias para
el afrontamiento y superación de ciertos efectos secundarios de los
medicamentos
Dado el carácter crónico e impredecible del ST, y a pesar de que
se hayan conseguido los objetivos de la intervención, en algunos casos
la terapia puede requerir del mantenimiento de un contacto o sesiones de seguimiento
periódico con el paciente, ya sea como factor de apoyo en épocas
críticas o de mayor tensión, o para adaptar o adquirir nuevas estrategias,
en función de las demandas del ciclo vital.
Quisiera resaltar que la complejidad de un problema no implica necesariamente
que las dificultades para resolverlo sean mayores, sino que puede admitir una
mayor cantidad de soluciones.
Como en otras problemáticas difíciles, quizás la clave para
abordar el Síndrome de Tourette no esté en buscar” la solución
perfecta”, sino en procurar un equilibrio armónico de todas las
variables de intervención a través de su combinación adecuada
para cada caso, y sobre todo en “Humanizar” estos intentos de solución
en un clima de respeto y comprensión, tanto hacia las necesidades
personales, como hacia el tiempo que cada persona necesita para alcanzar
los objetivos
planteados.
