Asociaciones
de afectados por problemas poco frecuentes o de difícil diagnóstico
denuncian la insufiencia de la reforma de la Salud Mental en los recursos
asignados y en el grado de especialización asistencial.
José Luis y José
tienen en común, además del nombre, el ser padres. Y
tener hijos con problemas de salud serios -el uno, síndrome
de Tourette; el otro, una forma límite de trastorno de la personalidad-
pero con dificultades para encontrar su lugar en los dispositivos
de asistencia sanitaria, públicos o privados. Ayer, varios
colectivos de pacientes relacionados con problemas neurológicos
infrecuentes y con vinculación a trastornos conducctuales elaboraron
en una reunión celebrada en la Diputación la enésima
tabla reivindicativa ante lo que consideran una marginación
de hecho en el nombre de una falacia: la que dice que son pocos y,
por lo tanto, que su problema es menor. Piden a la Administración
más recursos asistenciales (educativos, sociales, sanitarios,
de inserción laboral) y que los "pocos" disponibles
funcionen mejor.Aunque entre la enumeración del síndrome
de Tourette, los trastornos de la personalidad, los cuadros obsesivo-compulsivos,
las ataxias o el déficit de atención puedan aparecer
algunas de las denominadas estadísticamente enfermedades raras,
la simple suma de pequeños porcentajes (entre el 0,5 y el 15
por ciento de la población general) da legitimidad, según
los afectados, para pedir a la Administración atención
específica para solucionar, al menos, sus problemas comunes.El
síndrome de Tourette es un trastorno neurológico de
origen genético caracterizado por tics en los movimientos y
en la voz, que suele asociarse a comportamiento obsesivo compulsivo
y a déficit de atención-hiperactividad. Lo describió
de modo sistemático por primera vez Gilles de la Tourette en
el siglo XIX. Mozart lo padecía. El hijo de José Luis
también. Desde pequeño (ya es un joven hecho y derecho,
que a veces de desanima con su enfermedad) sabe lo que es desplomarse
en el suelo y quedar inerte, ingresar y volver a ingresar en un hospital,
irse quedando atrás en los estudios sin sufrir retraso mental.
Gracias a su tesón y al de su familia, envía las lecciones
aprendidas por vídeo a sus profesores. Ahora está ingresado
en el centro de San Juan de Dios en Málaga. El único
que hay en Andalucía (privado y concertado) donde un joven
con este problema puede pasar una media o larga estancia. Con listas
de espera de muchos meses.En el caso familiar de José, se trata
de un trastorno de la personalidad en una de sus formas límite.
José tiene una larga experiencia a sus espaldas de itinerarios
por consultas psiquiátricas, públicas y privadas, hasta
que alguien dió con el diagnóstico de un problema que,
paradójicamente, es una enfermedad según la nomenclatura
psiquiátrica internacional (DSM-IV) pero no tiene aún
esa denominación, según precisa José, en España.
Después del diagnóstico, José se encontró
con los claroscuros de la reforma psiquiátrica: "Es innegable
que ha habido logros, pero también se ha socializado el sufrimiento,
especialmente en las familias de los afectados". Y son las familias
las que piden que el compromiso institucinal de la Junta de Andalucía
con la Salud Mental iniciado hace una década con una reforma
que sobre el papel era modélica, simplemente no se quede a
medio camino.
MOVILIZACIÓN
EN DEMANDA DE MEJORAS SANITARIAS
Las asociaciones
de pacientes anuncian acciones de protesta
La Asociación
Andaluza de Pacientes con Síndrome de Tourette y Trastornos
Asociados (Aastta), junto a representantes de asociacines de otras
patologías neurológicas que suponen trastornos conductuales,
estudian convocar un calendario de acciones de protesta para solicitar
a las consejerías de Salud y Asuntos Sociales de la Junta de
andalucía la mejora de la atención sociosanitaria que
se ofrece actualmente a estos enfermos. Según informó
a Europa Press el portavoz de Aastta, José Luis Robles, la
"desatención sanitaria y socio-asistencial que padecen
los enfermos está provocando que muchos sufran un serio deterioro
y numerosas familias se encuentren en situaciones verdaderamente complicadas".
De este modo, Robles criticó la "falta de sensibilidad"
por parte de la Administración "a las peticiones hechas
desde distintas asociaciones de afectados para reclamar una atención
adecuada a las sintomatologías y problemas que afectan a estos
enfermos". Entre las medidas de presión planteadas por
las asociaciones se incluye la celebración de una campaña
de recogida de firmas entre los ciudadanos en apoyo a sus demandas.
También se solicitará una entrevista con el Defensor
del Pueblo Andaluz. Las asociaciones solicitan además la puesta
en marcha de programas de reinserción social, laboral y educativa,
"que ayuden a la integración de estos pacientes".