Emilio
Martín
"APLICACIONES
AFINES"
Todo
individuo tiende por naturaleza a satisfacer una necesidad social
de integración y es por ello reconfortante estar en sociedad
sin tener que pensar en lo que pueden estar pensando los demás
sobre tus propios e involuntarios actos y no tener que improvisar
explicaciones sobre algo de ti en lo que en realidad no eres un
entendido. Conocer sobre el terreno que no se es con seguridad
de "origen extraterrestre" después de 26 años
y aún casi por casualidad es reconfortante (por decir algo
ante la falta de otra calificación mejor). Ubicarse en
este complejo universo biológico de la naturaleza humana
resulta fundamental para ubicarse después socialmente.
Podría
hacer un relato de hechos secuencia1mente sobre la experiencia
física de aquel día en Estepa, pero he considerado
más importante el hecho psicológico que supuso para
mi persona el contacto directo por vez primera en 27 años
con otras personas con mis mismos o similares pensamientos. Y
aunque me cuesta trabajo encontrar adjetivo apropiado no puedo
por ello dejar de expresar el deseo propio y supongo que compartido
de repetir experiencia. He podido comprobar que aquello tan referido
de "el hombre propone y Dios dispone" es verdad, pues
el haber podido llegar a este momento, el momento de disipar ciertas
dudas acuciantes, ha sido de puro milagro. Largo seria contar
cómo llegué a conocer qué padezco y de contactar
con gente afín, con tanta simetría en cuanto a la
salud (si bien unos con menos o peores síntomas), pero
aquel momento y los que puedan llegar, hicieron de aquel día
cerrado en nubarrones uno de los más soleados de mi corta
vida.
Pasarán
muchos más años de los que tengo antes de que tengamos
cumplidos los objetivos esenciales de curación y difusión
de nuestros males, pero y aunque suene demagógico sólo
la unión y la constancia de los pacientes del Síndrome
de Tourette hará que nuestra pequeña molécula
sea mañana materia firme y estable, así lo espero,
y que los que vengan después recuerden los nuestros como
aquellos lejanos y difíciles tiempos.
Por
último, debo agradecer a la familia de Carlos Robles Borrajo
(Lourdes y José Luis) su ofrecimiento sin el cual no me
habría desplazado a Estepa, pues no parece que ésta
y Sevilla estén en la misma provincia.